después
Y ahora para siempre
Me voy, me voy sin mirar atrás, sin detenerme y sin arrepentirme.
Alguien me había dicho una vez que el amor es más bien una inversión, antes que cualquier otra cosa, y podría jurar que compartía esa visión y a la vez me la asumía para coger nuevas fuerzas, para volver a empezar siempre, sin parar, en un sinfín de volteretas que me centrifugaban tan fuerte que me sentía alejada y echada, apartada de lo que más quería en el mundo, aislada de la felicidad y de las otras cosas que rebuscaba en esta mezcla tan rara con sabor a Long Island: sentimientos, ansias y remordimientos, cuya fusión eventual llegará a llamarse con tanta soltura
amor. Que palabra más hipócrita.
Hablando de inversiones, ésta debe ser mi versión de la crisis (veo que las comparaciones abundan y siempre he sido una chica moderna que va moralmente conjuntada con el trend), una caída repentina de mi economía interna, y, junto con ella, el derribo de lo que había intentado construir hasta ahora, levemente desviada de mis propios deseos y sueños, dedicando mi tiempo, mi vida, mi salud, mi alma y mi ser para conseguir una única meta, como si no hubiese existido nada y nadie más en el mundo detrás de EL
ahora que lo pienso, lo reconozco, ha sido mi "velo", la cortina que siempre caía en el momento oportuno dejando el escenario abundando de flores pesadas y ovaciones multicolores, logrando tapar la realidad a la que se volvía en la otra parte del telón de velour rojo, escurrido entre la alegría sangrante de los espectadores. Vale, claro está, siempre habrá un eco de aplausos, gritos y silbidos, aclamaciones, pero
al fin y al cabo los actores seguirán siendo hombres, pero por mucho que conviertan sus máscaras en avatares efímeros de la inmortalidad, mientras que el eco de la asistencia se vaya desvaneciendo hasta que atraviese las paredes y pase a otra dimensión, a otro universo paralelo, lo más probable es que vuelvan a bañarse con la misma complacencia y mediocridad en la sopa primordial de la ignorancia.
Agáchate, sonríe
paso adelante, agáchate, sonríe
ahora erguida, sonríe
camina atrás, pasos pequeños, engulle la admiración y el trueno ensordecedor de la multitud y retírate despacio
un paso más hasta que llegues a la línea demarcada por la inevitable caída del telón, tu tierra sagrada
inspira, vuelves a ser persona, la de antes, la de siempre, con sus hipotecas, sus amigas de shopping, sus facturas altas de móvil, su colección de zapatos, de bolsos y demás accesorios que te hacen destacar entre las ya destacadas. Vuelve la miseria, rutinaria y obsoleta, agobiante y cruel, aguda
el telón arrastra hasta la última gota de luz que santificaba el escenario y, como siempre, te quedas detrás envuelta en sombras frías, y rodeada de ruedas mecánicas, figurantes, un piano viejo, el pintoresco decor que antes te espantaba, el abuelito decrépito que se pasea por allí moviendo una escoba con la elegancia de un exiliado Napoleón
sólo le faltaría un barco, para que te atravesara el Styx hasta dejarte en las puertas del Infierno
y ahora mismo una eternidad de tortura florece carnívoramente en tu espíritu como una alternativa preferible, algo menos preocupante que el día siguiente, o el siguiente, o el siguiente, tan terrenales y absurdamente amenazantes.
Estoy delirando ya
Inversiones
Qué te tomas cuando te quedas solo? Deberían patentar una especie de Valium para los casos de soledad crónica
Acabo de enviar 26 mensajes y ninguna respuesta. Tendré que paliar mi aislamiento forzado a parches de nicotina y cucharadas de helado, porque parece que ninguna de mis amigas se digna en responderme seré la única que consiga quedarse sola unas horas antes del hipervalorado y utópico-socialmente aclamado Día de San Valentín. La soledad es el peor enemigo de la lucidez. Cuando me quedo sola es como si mi conciencia me dictara un desdoblamiento psicótico, abandonándome en el epicentro de mis propias inseguridades, con un determinación sádica. Me siento como si acabaría de ver el último capítulo de una serie tragi-cómica cuya desafortunada protagonista soy yo, sí, esa misma, la que se muere en la última escena, tras un flash-back agonizante y pesimista, abrazada por la oscuridad calma y fría, y, por supuesto
sola.
Al fin y al cabo, todos nos morimos solos.
Lo que daría ahora por un frappuccino venti de canela, sentada en un sillón de Starbucks mirando por detrás de las lentes de mis pijas gafas de sol a la gente que desfila, en su monotonía acelerada, como si tuviesen que hacer cola para morir. Alto! Que todos tendremos nuestra oportunidad
Pero yo no tengo prisa. Lo hemos dejado, sí
Es como si algo muriese dentro de mí, también, y sé que suena redundante y cutre, es un cliché pero nunca había imaginado que me iba a pasar a mí, que seré yo la que se pasaría las noches llorando ríos de tristeza, empapando la almohada con mis sueños rotos y manchando las sábanas con el latido cojo de mi casi-corazón, sintiendo tan agudo y profundo el puñal de los recuerdos cada vez que escuchaba una canción o me paseaba por un lugar que me hacía temblar al acordarme del calor que emanaba su brazo al cogerme, como si hubiese creado un universo alternativo, un mundo paralelo unidimensional, en el cual habíamos abandonado nuestras individualidades para convertirnos en un ser superior, autosuficiente e inexpugnable. Quimeras
el amor te vuelve ciega, y tonta.
Queréis que os diga lo que es el amor? El amor es una alternativa a la locura: cuando estas enamorada adquieres una visión deformada y difusa del mundo que te rodea, desde la altura del palo mayor, abrazada a la bandera de tus ansias y esperanzas, buscando frenéticamente un trozo de tierra, un apoyo, una superficie en la que puedas pisar y dejar una huella. Ese es el amor, la búsqueda intermitente de "suelos ajenos". Todas queremos dejar huellas, parasitar la conciencia de otro de tal forma que empezamos a nutrirnos de sus sueños, palabras o gestos, empezamos a asimilarlos, a convertirlos en propios, a apoderarnos de cada segundo de lucidez hasta derrumbarlo y volver a erguirlo, desbordando de un orgullo casi vespucciano mientras nos volvamos a montar en la montaña rusa del hipócrita carnaval llamado amor
Amor, te odio
Who needs love? Para mí fue la receta perfecta para escaquearme de la soledad, una canción del grupo Razorlight que intencionadamente olvidaba en repeat, mientras intentaba cambiar mi rutina diaria, conteniendo mil lagrimas o exiliando emociones, montándome escenas y telenovelas, como si mi mente intentara buscar el "por qué" de mi abandono, rechazando cualquier culpa propia, pero, al fin y al cabo dejándome a medias, atravesando despacio el purgatorio infinito del "podría ser".
Lo "decidimos" el día de mi cumpleaños
Encima
Probablemente me lo esperaba también pero por dentro buscaba cualquier razón para rechazar hasta la más mínima probabilidad de que pasara en un algún momento cercano, pero que equivocada estaba. Ha sido uno de esos choques que te hacen abrir los ojos y mientras hablábamos nos dábamos cuenta de que habían más cosas que nos separaban ahora que las que supuestamente nos mantenían juntos. Al principio te cuesta entenderlo, es como si cambiaras los polos de tu imán existencial para que empieces a repelar todo aquello que habías atraído hasta ese momento, es una experiencia de cambios brutales y experiencias violentas, masoquistas y destructivas. Apocalipsis ahora
Sabes cómo me siento? Como un cuerpo recién exorcizado, saneada y purificada, letárgica, atónica, desmembrada
Creo que me siento bien, mejor, no lo sé. A lo mejor vivía una mentira perpetua, encadenada a mis propias creencias, autosugestionándome hasta el punto de convertir la realidad en mi propio guión. A lo mejor no
y si con esto abandono la única cosa real de mi vida? La única esperanza, la reminiscencia pandórica de poder vivir una historia de amor como nunca se había visto. No sé qué elegir, por qué decantarme, y qué entender
Estoy perdida, tan perdida que no sé qué hacer mañana, ahora, dentro de diez minutos o dos años. La clepsidra de mi tiempo ha girado y con ella yo estoy girando a contrarreloj.
Me dijo que no sabía si aún me amaba, yo sentí un mundo yéndose hacia abajo detrás del eco de sus palabras. Había muerto en un segundo, mi alma rompió a correr para esconderse en algún lugar aislado, bajo mil mares o encima del universo, mojado, tiritando como un vagabundo echado hasta de sus míseras cajas de cartón. EL callado, yo petrificada. Como me hubiera gustado besarle, inundarle los labios con mis lágrimas, pedirle que no se vaya, que lo intentemos de nuevo, rebuscándonos entre los escombros de orgullos heridos. Le dije que me iba a morir sin EL, que mi mundo se acabaría y que no sabría qué hacer para volver a caminar hacia adelante
EL sonreía, me despeinaba e intentaba tranquilizarme "Estarás bien, ya verás, todo estará bien" me decía. Le quería pegar, lanzarme gritando con los puños erguidos y pegarle, hacerle daño, morderle, por minimizarnos, por decir que EL era uno más, que no será mi único ni tampoco el mejor, que habrá otro y que ese sabrá hacerme aún más feliz. Pero no sé si yo quiero estar feliz, no sé si esperar un futuro utópico en el cual echaré de menos los gritos sordos y los reproches tácitos, yo quiero vivir aquí, ahora, lo quiero a mi lado, pase lo que pase, pero tampoco lo quiero
Ya no como antes, nada es como antes
Está bien madurar, empezar a ver el mundo con los ojos cada vez menos soñolientos
pero cuando el proceso de maduración no implica una sincronización de los dos, algo siempre acaba perdiéndose por el camino y la brecha que se abre detrás, siempre acaba inhibiendo el amor, apedreándolo como si fuera una blasfemia, una abominación mutante que nunca debería haber salido a la luz. Y eso es lo más triste. Por eso me ahogo en mis suspiros llenos de remordimiento y me doy cuenta de que podría haberlo hecho mejor
ahora es demasiado tarde, nos hemos olvidado, de nosotros, y uno al otro.
Me siento desesperada y a la vez tranquila, mi nombre es Paradoja. No entiendo qué me está pasando y cómo lo debería entender y asumir. Llevo una semana sin salir de casa, las mangas de la camiseta de mi pijama preferido son los testigos de mis noches blancas, hundidas en lágrimas negras, opacas y dolorosas, cayendo redundantemente en la misma forma iterativa de interrogación autista. Me noto más fea...he escondido los espejos pero me doy cuenta de que aunque seamos seres tridimensionales, proyectamos más de un simple reflejo hacia fuera, y también proyectamos uno hacia dentro, uno que normalmente pasa desapercibido hasta que la soledad le hace brotar y lo saca a las afueras del ser para que pierda su brillo, para que coja forma humana, y, junto con ella, para que entienda el miedo, engullendo lo que Adán y Eva nos dejaron en legado desde los principios del tiempo.
Le echo de menos
los días que pasábamos juntos, nuestras conversaciones, las tardes simples cuando la única cosa que importaba era compartirlo todo, aunque fuera la cosa más insignificante del mundo, las caricias, los besos y los abrazos, las horas que hablábamos por teléfono, las facturas, las peleas, las risas, las penas, los viajes, las fotos, las canciones, los bancos, las flores, los regalos, las cartas, las sorpresas, malas, buenas, indiferentes. Lo echo de menos todo, y nada a la vez. Porque me siento vacía, como si el tren que llevaba tiempo esperando habría pasado sin detenerse en mi estación
Tanto tiempo enamorada, olvidé amarme a mí misma
No quiero mal entendidos, no me arrepiento de nada, no voy a decir que acabé perdiendo estos años y que no me sirvieron para nada, que lo aposté todo para luego acabar en bancarrota, no, no lo merezco
Aprendí lo que he llegado a ser, gracias a todo he madurado, me he transformado y aunque no sea la misma de antes, sé que no voy a dar nada por perdido, al contrario, me acabo de encontrar de nuevo. Estoy desnuda delante del mundo, en mis ojos florecen las esperanzas de algo nuevo, desconocido, mis manos acarician el vacío que une el universo en su ignorancia adhesiva, mis piernas corren hacia un futuro estático y perplejo, adivinando huellas aún no marcadas y sueños distantes, psicotrópicos y ausentes
Sí, soy yo, he vuelto
Volví para irme de nuevo.
La última conversación siempre será las más rara, tantas cosas que decir pero tan pocas palabras, el último beso, aunque dado en una mejilla húmeda y temblante, sigue significando tanto, se quedará en la memoria de la piel como un tesoro escondido o un tatuaje transparente que te enciende y a la vez te apaga, haciéndote desear que nunca encuentre su fin, que nunca se te escape o que nunca se te olvide. Antes no les daba mucha importancia a las palabras, a lo que decía porque siempre pensaba que mientras decía algo, no me lo podría reprochar en el futuro
pero ahora sé que el silencio puede transmitir muchas más cosas que algunas palabras soltadas por angustia o aburrimiento y cuyo veneno se vaya dispersando a lo largo de los años. Así que esta vez me quedé callada, escuchando lo que no quería oír, pero asumiéndolo responsable y sumisamente, como una antigua esclava romana que recibe la libertad de su dominus pero no sabe qué hacer con ella y como aprovecharla.
Antes siempre hablábamos de cualquier cosa y nos pedíamos consejos, hacíamos planes y buscábamos cotilleos, al final nos convertimos uno en el mejor amigo del otro y en el placebo de sus amistades externas
no había tiempo para más. Era "nosotros vs el mundo" y a nuestro parecer, siempre salíamos ganando. Pero con el tiempo también se hacen notar los vicios, sumerge perversa e hipócrita nuestra naturaleza verdadera, las mentiras, los pensamientos ocultos, no compartidos, las ansias voyeurísticas, las interrogaciones clandestinas
"y si?" Atracciones prohibidas, las típicas cosas que nos convierten a cada uno en el Lúcifer de su propio Paraíso, empujándonos desde la barandilla inestable de la felicidad hacia un vacío insaciable. Nos acogemos siempre a lo fácil, buscando excusas y parecidos, apoyándonos en lemas ajenas y equívocas, para luego arrepentirnos por haberlo arriesgado todo en el nombre de la tentación. Siempre he pensado que el efecto mariposa encuentra su máxima interpretación empírica en el área del amor: cualquier movimiento, por muy pequeño que sea, será la causa de otro de mayor amplitud, marcado por un relativo lapso de tiempo. Traduciendo todo eso, me resumo a decir que nunca hice lo que no me hubiese gustado que se me hiciese. Puede que sea una manera muy simplista y a la vez bastante egoísta de ver y entender las relaciones pero soy una chica muy débil a la hora de analizar mis propias decisiones y vacilo mucho. De ahí que, siguiendo esa regla, he buscado el margen de actuación que me situaría en una posición de ventaja, como si tuviese un alibi inexpugnable en el cual me apoyaría en mis controversias, por supuesto, para que llegue a quedarme con la razón, con los remordimientos del otro, sus disculpas y sus rosas, y, por qué no, con aproximadamente una semana de egocentrismo motivado y nutrido por EL, para que le perdonara.
Que equivocada estaba
De haberlo sabido
Ahora me voy, me doy la vuelta y espero que me diga algo más, que me llame y que venga corriendo pero
silencio. Con cada paso que doy me hundo más en mi lago de dudas y temores. Silencio, casi doblando la esquina dónde tantas veces nos encontrábamos enamorados hasta las tantas, abrazados en un silencio tan distinto, tan cálido y nuestro. Ya
Me he ido
Olvídame, busca el camino fácil, no lo intentes comprender porque no habrá término medio, interpretaciones, hermenéuticas o definiciones que comprimen todo lo que sientas ahora. Borra las fotos, quema los regalos y tira las cartas, elúdeme de tu presente para que puedas vivir el futuro
El pasado seguirá siempre allí, más o menos esculpido en tu memoria, pero deja de abrazarlo tan fuerte, deja espacio para lo que está por venir
Asómate a la ventana de tu vida y ábrela, hasta que sus maderas toquen los rayos de la felicidad. Y olvídame, porque será lo mejor para los dos. No quiero odiarte, no quiero llenar mi alma de reproches y manchar mi lengua con palabras que no mereces, quiero recordar lo bueno de ti, de mi y de nosotros, algo que nadie en esta vida o en otra me conseguirá quitar. Olvida que te quería, piensa que te odio y ódiame a tu vez, envenenado y ardiendo, quiero ser tu mayor enemiga. Quiero ser tu muñeco voodoo, el trébol de tus penas y llantos cuando te sentirás solo y tus fuerzas habrán desvanecido entre los rincones pedantes del mundo.
Y es ahora o nunca
Te has ido o te has quedado, yo no lo sé ni quiero saberlo
me voy sin mirar atrás, sin detenerme y sin arrepentirme. Me rompo en mil pedazos, quédate con uno
Se ha ido?
Ya, para siempre?
Sabía que no estábamos hechos uno para el otro, si no, hubiéramos quedado juntos hasta que el fin del mundo nos hubiera alcanzado, tocándonos los talones con su mirada apurada y lejana
Odio verla llorar, me hace sentir culpable. Pero la verdad es que ahora siento una culpa a medias, estoy seguro de que esta vez hemos conseguido compartirlo todo, incluída la culpa de haber decidido caminar sincronizados pero en direcciones opuestas. Es como una prueba olímpica pero no siento esa determinación de ganar nada, sólo quiero caminar a mi manera, a mi ritmo, sólo y olvidado.
A veces pensaba que no me merecía y que era un amor de complacencia, algo que no era mío, algo ajeno pero que me encadenaba implacablemente y me encerraba en una habitación vacía, atado con hilo invisible a un futuro que realmente no quería
La mentí
Ya no la quiero como antes, todo había cambiado ya y mientras avanzábamos, la distancia se hacía cada vez más grande e insuperable. Es mejor así, luego intentaré buscar las razones oportunas y adecuadas para excusarme, algo que siempre hago después de meter la pata.
Pero que estoy diciendo? No me iba a comprometir más
en serio, eso ya lo tenía seguro. A lo mejor la hice creer lo contrario, a lo mejor todo lo que hice hasta ahora fue una versión acústica de lo que debería haber hecho.
Tantas preguntas ensordecedoras y amenazas mudas. Pero me siento libre, debería sentirme así? Qué ha sido el amor? Qué será del amor?
Para mi
el amor es esa cosa que queda cuando todo lo demás perece
el amor lo había sentido al principio, al verla, o, por lo menos, eso que yo me imaginaba que fuera el amor, ese hipo que se te queda en la garganta, secándote las palabras y dejándote amnésico en las vísperas de tu propia perdición
pero eso no era verdaderamente amor.
Lo peor sucede al madurar
empiezas a darte cuenta de ciertas cosas, la mirada esa ingenua que tenías antes se vuelve aguda y astuta, perversa, brillando de codicia se aleja ya de las cosas conocidas de antes y va buscando retos, deseos acelerados
vamos, empiezas ya a querer lo que podrías tener por ti solo pero en otras circunstancias
y eso te convierte en un asesino del amor y de el resto de cosas bonitas que trae en su pack.
El tiempo pasa, las cosas cambian, pero
nosotros no. La esencia de nuestro ser seguirá siendo la misma a pesar del tiempo que va escurriéndose entre nuestros dedos, como amapolas de arena, derretidas en las olas de una marea cruel e intransigente. Nosotros no cambiamos. Únicamente nos "pulimos" poco a poco, nos "afinamos" o devenimos, lo que podría suponer tanto una evolución como una involución, dónde el resultado final de la metamorfosis dependerá únicamente de las acciones que tomamos en ciertos momentos clave de nuestra existencia, de la gente con la que sepamos relacionarnos, y también de las condiciones en las que lo hacemos.
Amigos
verdaderos, tendré uno o dos. Colegas algunos más, y conocidos cientos. Con cuales me quedo? Como con cualquier otra cosa, tendría que encontrar el punto medio, es decir los momentos que les correspondería a cada categoría. A veces sientes la necesidad de hablar mucho, de relajarte, de entregarte cuerpo y alma y quedarte desnudo, un amalgama de emociones y sentimientos espasmódicos, que, delante de un amigo verdadero, encontrará las razones para seguir tapándose y volver a salir adelante. Otra veces, prefieres ser otro, salir de tu globito de cristal y hacer cosas impensables, volverte loco, o, por lo menos, sólo dar esa impresión, vender esa imagen, ponerte el sombrero de mariachi y cantar o salir corriendo por las calles de la ciudad como si quisieras separarte de tu propia sombra, con el miedo de que, cuanto más tiempo te quedes parado, menos tardarás en envejecer.
Sabes
las personas son como espejos. Cuando nacemos, el espejo se rompe en mil pedazos. Esos pedazos los recogemos en nuestras miradas y, a lo largo de nuestras vidas los vamos repartiendo a las personas con las que entramos en contacto, sin miedo, sin vergüenza, somos los vendedores ambulantes de nosotros mismos y tenemos la campaña de marketing más sencilla del mundo: nuestras miradas, nuestros gestos, nuestras palabras, nuestra voz, nuestras acciones
todas se convertirán en destellos de nuestros trozos de espejo que cada persona guardará para sí durante el resto de su vida, asegurándonos por lo menos una apariencia de inmortalidad, o, para ser más exactos, una vida de sucedáneos, una vida a plazos
una vida a través de otros.
Porque
esto es el amor verdadero
el amor es la única forma de poder llegar a conocerte a ti mismo a través de los otros, es el único modo de saborearte, de disfrutar de ti mismo tal y como eres, con tus imperfecciones e inseguridades, con tus temores, con tus sueños y aspiraciones
El amor es la única huella de divinidad que cada uno de nosotros lleva dentro.
Ellas siempre complican demasiado las cosas
Se montan sus historias y sus teatritos imaginarios, lo llevan todo al extremo, se echan a llorar para después sonreír con calma y tranquilidad como un bebé recién desprendido del claustro materno. Yo pienso que por eso les gustan tanto las telenovelas, se imaginan a ellas mismas como protagonistas, hacen estadísticas y comparan actitudes, pensando, a la vez, lo que hubieran hecho ellas si estuviesen en el lugar de algún personaje de existencia dramática e inquietante
Que la vida no es una película! A ver si os enteráis
la vida es mucho peor. Después de la presentación del reparto no hay replay, no hay rewind, no hay segundas oportunidades
o, por si las hayan, deberían entenderse como esporádicas debilidades que no pueden suceder más de una vez en la misma relación interhumana
El amor verdadero es confianza, devoción y respeto. Lo demás llega después, con el tiempo, poco a poco. El amor no tiene apuros
La mejor descripción del amor la encontré en la Biblia. No es que sea un fanático religioso ni nada por el estilo, y sigo teniendo algunas creencias que van en contra de la dogmática religioso-cristiana, pero tengo que reconocer que el capítulo de los Corintios 1:13 es el único axioma que conozco en el mundo, la única cosa de la que no podré dudar, aunque lo quisiese, sea eso por pura determinación dialéctica
pero no. Para mi hasta poner bajo el signo de la duda esas frases bíblicas, sería en el sentido más estricto de la palabra, una blasfemia
El amor es paciente,
es bondadoso.
El amor no es envidioso
ni jactancioso ni orgulloso.
No se comporta con rudeza,
no es egoísta,
no se enoja fácilmente,
no guarda rencor.
El amor no se alegra de lo injusto
sino que se regocija con la verdad.
Perdura a pesar de todo,
lo cree todo,
lo espera todo,
y lo soporta todo.
La quería, de verdad. Y por quererla, quería también todo lo que hacía, todo lo que decía, todo lo que en mi mente esperaba que llegase a ser.
Llevo la vida sin confesarme, supongo que eso sería un pecado
ya que estoy aquí, podría aprovechar la ocasión para confesarme, quitarme de encima esa coraza que poco a poco me va aplastando, ahogando
No, da igual, cada uno debería llevar su cruz hasta el final. Solo espero llevarla mejor a partir de ahora. Eso sí, en dos todo parece más fácil
hasta que se vuelva igual o más difícil que antes. Y entonces qué haces?
Demasiadas preguntas verdad? Yo no tengo todas las respuestas, no diría todo esto si las tendría.
Lo que sí tengo claro es lo siguiente: no puedes esconderte para siempre, la máscara no te cubrirá siempre la cara, los sentimientos que te atraviesan en ciertos momentos puede que los compartan muchas otras personas, incluso de tu entorno y la empatía siempre ayuda a superar los momentos difíciles o de complicada salida de nuestras vidas
No te cierres, no te vuelvas anti-social, no dejes que la soledad te consuma, acaparando tus sentidos y tus ganas de vivir, no te lances en darte por vencido cuando en realidad te queda toda una guerra por luchar y recuerda
nada es definitivo, nada es permanente o decisivo, nada es más importante que tú, nada supera tus sueños y nada puede apagar tu magia.
No estamos en el país del Nunca-Jamás pero tampoco hay que situarte en el rincón pesimista y apuntar con el dedo a la mitad vacía del vaso. Mejor ve, cógelo, tómatelo y saborea
Vive ahora, no ayer, ni tampoco mañana.
Me quedo solo.
Se fue. Sin mirar atrás. A lo mejor esperaba que le dijera algo, que la llamara y la abrazara, que le dijera que la amaba y que era todo lo que yo quería en este mundo, o en otro
Espero que me olvide rápido, que no pierda noches llorando y que piense que todo ha sido para nada, que ha perdido todos esos años invirtiendo tantas cosas, emociones y experiencias, amores, penas y lloros en una cosa que acabó devengándole desilusión y soledad. Prefiero que me odie. Así me olvidará antes...
Ya no la quiero. Yo también me odio.
Empezaré a caminar, primero despacio, como si serían mis primeros pasos bajo el sol, no me daré la vuelta, no lloraré, no desperdiciaré ni un suspiro, aprovecharé cada gota de aire para condensar hasta la sombra de la felicidad que me llevaré conmigo hacia tierras lejanas.
Cierro los ojos.
Me la imagino a mi lado, luego despidiéndose, sonriendo. Es feliz. Estoy feliz. Puedo irme.
A lo mejor nos volveremos a encontrar sobre algún parche desconocido de este mundo, extraños y nuevos, viejas memorias que coinciden plásticamente en el mismo espacio, incomprensibles y transparentes, unicolores
A lo mejor nos reconoceremos, o no, pasaremos uno al lado del otro sin mirarnos, rozando con prisa las telas gastadas de nuestras chaquetas, sincronizados, pero yendo hacia puntos diametralmente opuestos, recorriendo aceras distantes, compartiendo las mismas partículas del mismo polvo, cantando las serenadas antiguas de transeúntes tangentes, olvidados en las luces intermitentes de semáforos dormidos bajo pestañas de nieve negra
Después











